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Ayudar a los clientes a cambiar sus creencias rígidas con Hakomi: la atención plena y el cuerpo en la superación del trauma

Los terapeutas que trabajan con traumas suelen encontrarse con clientes atrapados en patrones de creencias muy arraigados: «No estoy a salvo», «No encajo», «Tengo que protegerme en todo momento». Estas creencias fundamentales no son solo mentales. Son fisiológicas. Están arraigadas en el sistema nervioso y determinan cómo se mueven nuestros clientes por el mundo.
El método Hakomi ofrece un camino hacia el cambio que no empieza con la confrontación, sino con una indagación suave. Se pregunta: ¿Qué pasa cuando bajamos el ritmo lo suficiente como para escuchar al cuerpo? ¿Qué podría suceder cuando nos acercamos a nuestros clientes con presencia, curiosidad y cariño?
Mindfulness aplicado: cómo crear las condiciones para la transformación
En Hakomi, la atención plena no se usa para calmar o distraer. Se usa para explorar. Invitamos a los clientes a entrar en un estado de observación tranquila y curiosa, en el que puedan darse cuenta de lo que surge sin juzgarlo. Este estado te permite acceder a material inconsciente, como recuerdos somáticos, huellas emocionales y creencias limitantes, que a menudo quedan fuera del alcance de la conciencia cotidiana.
A diferencia de las prácticas tradicionales de mindfulness, que pueden resultar abrumadoras para quienes han sufrido traumas, el mindfulness aplicado en Hakomi siempre se lleva a cabo en el marco de una relación. Es el campo relacional—en sintonía, autorregulado y arraigado— el que permite a los clientes sentirse lo suficientemente seguros como para observar su mundo interior.
Cuando los clientes entran en este estado de atención plena, podemos plantearles una pregunta suave:
«¿Qué pasa cuando digo: “Tu lugar está aquí”?»
Lo que viene a continuación no es un análisis, sino sensaciones, imágenes y emociones. Este es el portal hacia los sistemas de memoria implícita que impulsan los modelos mentales más rígidos de nuestros clientes.
El cuerpo como narrador
El cuerpo es nuestro mejor aliado a la hora de superar el trauma. Cuenta las historias que nuestros clientes quizá no sepan expresar con palabras. Las mandíbulas tensas, los puños apretados y las posturas encorvadas son manifestaciones de estrategias de supervivencia arraigadas desde hace tiempo.
En Hakomi, no interpretamos ni solucionamos. Estudiamos. Ayudamos a los clientes a sentir curiosidad por sus propios patrones físicos y emocionales. Cuando un cliente tensa el pecho al ver una imagen de su pasado, nos quedamos ahí. Preguntamos:
«¿Cómo es esa sensación?»
«¿Qué pasa si lo ralentizamos?»
«¿Qué parte de ti está hablando a través de este sentimiento?»
Al conectar con el soma, ayudamos a los clientes a empezar a relacionarse de otra manera con sus experiencias, con curiosidad y compasión.
Actualizar la narrativa interior
Las creencias que se forman a raíz de un trauma no son solo pensamientos. Son verdades interiorizadas por las que se rige el cliente. En Hakomi, rompemos con delicadeza estas viejas narrativas ofreciéndole «experiencias que le faltaban» o momentos en los que el cliente recibe sintonía, presencia y seguridad, cosas que quizá le faltaron en el momento en que se produjo su herida inicial.
Estos momentos pueden ser sencillos y profundos:
- La presencia tranquila del terapeuta mientras el cliente tiembla.
- Una reflexión compartida: «Eso era demasiado para que lo soportara una sola persona».
- Un cambio físico que se produce cuando un cliente se da cuenta de que: «Quizá no tenga que estar tenso todo el tiempo».
En estos casos, el sistema nervioso empieza a reorganizarse. Surgen nuevas posibilidades. Los clientes se dan cuenta de que no están atascados. Al contrario, son capaces de adaptarse. Y, con un poco de apoyo, pueden elegir algo nuevo.
Mantener el espíritu colectivo en la sala
Sobre todo en el contexto actual, el trauma individual suele entrelazarse con el trauma colectivo: la opresión sistémica, el desplazamiento, las heridas históricas. Hakomi nos invita a abordar estas capas con delicadeza, reconociendo que lo que surge en la sala puede formar parte de una historia mucho más amplia.
Cuando un cliente tiene dificultades para sentirse integrado, podemos preguntarle no solo «¿qué te pasó a ti?», sino también «¿qué le pasó a tu gente?». «¿Qué ocurrió en el linaje que vive en tu cuerpo?».
La indagación somática nos permite asimilar estas verdades sin sentirnos abrumados. Permite a nuestros clientes verse a sí mismos no solo como personas heridas, sino como personas resilientes, integradas en una red más amplia de supervivencia, lucha y fortaleza.
El papel del terapeuta: una presencia cariñosa
Hakomi se basa en cinco principios fundamentales: la atención plena, la no violencia, la organicidad, la unidad y el holismo cuerpo-mente. Pero en el centro de todos ellos está la presencia amorosa del terapeuta y nuestra capacidad para mantener un espacio sin intentar arreglar nada y para mantenernos en equilibrio mientras nuestros clientes tocan lo intocable.
Cuando confiamos en la sabiduría del cuerpo, cuando nos sintonizamos con el ritmo del proceso del cliente y cuando tratamos su sistema con respeto, creamos las condiciones para una transformación real. No por la fuerza. No por la lógica. Sino ayudándoles a sentir lo que es sentirse plenamente visto y conectado con seguridad, quizá por primera vez.
Únete a la terapeuta somática Manuela Mischke-Reeds para descubrir el método Hakomi, uno de los enfoques de psicoterapia somática más consolidados del mundo para la curación del trauma.





