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Por qué trabajar con parejas hoy en día es más complejo (y más necesario) que nunca

La terapia de pareja en el contexto actual
En los últimos años, la terapia de pareja se ha convertido en una de las áreas más demandadas de la práctica clínica.
Cada vez más profesionales se encuentran trabajando con relaciones marcadas por conflictos recurrentes, distancia emocional o la amenaza de separación.
A medida que crece la demanda, la complejidad del trabajo con parejas ha aumentado significativamente, lo que requiere nuevas competencias y una lectura más amplia de las dinámicas relacionales.
Las relaciones íntimas ya no sirven solo como fuentes de estabilidad o continuidad.
Hoy en día esperamos que nuestras parejas nos proporcionen seguridad emocional, crecimiento personal, validación y sentido.
Como resultado, el vínculo romántico se convierte en un espacio en el que están en juego la identidad, la autoestima y el sentido de pertenencia. Cuando este espacio entra en crisis, la angustia resultante suele ser profunda y desestabilizadora, con un fuerte impacto en la salud mental de ambos miembros de la pareja.
Parejas que llegan tarde a la terapia
No es casualidad que muchas parejas busquen terapia después de años de sufrimiento silencioso.
Cuando piden ayuda, el conflicto suele estar muy arraigado y la comunicación seriamente deteriorada. En estos contextos, el terapeuta no puede limitar su trabajo a «gestionar el problema».
Es fundamental comprender las dinámicas relacionales que sustentan el malestar, más allá de sus síntomas visibles.
Alexandra H. Solomon, psicóloga clínica y profesora de la Universidad Northwestern, señala cómo el amor contemporáneo está fuertemente condicionado por expectativas poco realistas.
Creencias como la idea de que una relación sana no debería ser difícil, o que la pareja «adecuada» debería entenderos sin necesidad de palabras, llevan a muchas parejas a interpretar las dificultades como un fracaso personal en lugar de como una fase natural del desarrollo de la relación.
La importancia de la conciencia relacional de uno mismo
En el ámbito terapéutico, estas expectativas a menudo se traducen en culpas mutuas, defensas rígidas y una gran dificultad para reconocer la contribución de cada uno a la dinámica relacional.
Aquí surge una competencia clínica fundamental: la autoconciencia relacional, es decir, la capacidad de observarse a uno mismo dentro de la relación, distinguiendo lo que pertenece a la historia personal de lo que se activa en el encuentro con el otro.
Desarrollar esta conciencia ayuda a las parejas a reducir la reactividad emocional, comprender mejor sus desencadenantes internos y abrir espacio para un diálogo más auténtico.
Al mismo tiempo, requiere que el terapeuta tenga una formación específica que integre la teoría relacional, el trabajo emocional y una atención cuidadosa al contexto cultural y social en el que se desarrollan las relaciones.
La necesidad de formación especializada
Por todas estas razones, hoy en día no se puede abordar la terapia de pareja de forma improvisada.
Requiere herramientas actualizadas, un marco teórico sólido y la capacidad de manejar la complejidad sin recurrir a simplificaciones.
Estos temas constituyen el núcleo de la Certificación en Terapia de Pareja de Alexandra H. Solomon, un programa de formación diseñado para apoyar a los profesionales que trabajan con parejas contemporáneas, ofreciendo una orientación clara, profunda y clínicamente aplicable.



