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Pérdidas ambiguas y pérdidas sin muerte: una perspectiva clínica para el malestar psicológico contemporáneo

En la práctica clínica, muchas formas de sufrimiento psicológico no encajan perfectamente en los modelos tradicionales de duelo. Los pacientes suelen presentar un dolor profundo a pesar de que no se haya producido ninguna muerte: relaciones emocionalmente inaccesibles, distanciamientos sin resolver, identidades perdidas o futuros que nunca se materializarán. Hay dos marcos conceptuales especialmente útiles para comprender y tratar estas experiencias: la pérdida ambigua y las pérdidas no relacionadas con la muerte.
Pérdida ambigua en las relaciones narcisistas
En las relaciones marcadas por dinámicas narcisistas, los clientes se enfrentan con frecuencia a una pérdida que carece de límites claros. La otra persona está viva y a menudo sigue presente, pero es emocionalmente inaccesible, poco fiable o incapaz de reciprocidad. Esto crea una forma de duelo sin cierre, en la que la pérdida abarca simultáneamente el pasado, el presente y el futuro.
Desde el punto de vista clínico, la pérdida ambigua en las relaciones narcisistas suele implicar:
resistencia al dolor, ya que la aceptación hace que la pérdida se sienta definitiva;
ambivalencia emocional, incluyendo amor, ira, vergüenza y culpa;
Dificultad para legitimar el dolor porque «no pasó nada definitivo».
El trabajo terapéutico requiere adoptar una postura matizada: validar el dolor del cliente sin invalidar el amor que una vez existió, al tiempo que se le ayuda a llorar no solo la relación tal y como era, sino también la relación que esperaba que pudiera llegar a ser.
Pérdidas no relacionadas con la muerte y duelo privado de derechos
Además de la pérdida ambigua, muchos clientes sufren un duelo relacionado con pérdidas que no se reconocen socialmente como tales: pérdida de identidad, salud, fertilidad, trayectoria profesional, pertenencia, seguridad o versiones no realizadas del yo. Estas experiencias se engloban en lo que comúnmente se describe como duelo privado de derechos: pérdidas que no se reconocen abiertamente, no cuentan con apoyo social ni están legitimadas culturalmente.
En culturas donde el duelo se asocia estrictamente con la muerte, estas formas de pérdida a menudo se minimizan o se patologizan. Clínicamente, esto puede manifestarse como:
autoinvalidación crónica («No debería sentirme tan mal»);
Ansiedad persistente, depresión o síntomas somáticos.
agotamiento o entumecimiento emocional sin una «causa» identificable.
Desde un punto de vista terapéutico, el simple hecho de nombrar la pérdida puede ser profundamente reparador. Hacer visible el dolor invisible permite que comience el proceso emocional y restaura el sentido y la coherencia de la experiencia del cliente.
Implicaciones clínicas
Tanto las pérdidas ambiguas como las pérdidas no relacionadas con la muerte requieren un enfoque que no tenga como objetivo eliminar el dolor, sino crear un espacio para que sea reconocido, tolerado e integrado. Intervenciones como el trabajo con partes, los enfoques somáticos, el EMDR y los métodos experienciales pueden ser particularmente eficaces cuando se aplican prestando especial atención a la ventana de tolerancia del cliente y a la naturaleza intrínsecamente no lineal del dolor.
En lugar de empujar a los clientes hacia una resolución prematura, este trabajo apoya el desarrollo de la agencia, la autocompasión y las expectativas realistas, elementos clave para la integración psicológica y la sanación a largo plazo.
Si quieres profundizar más
Si estos temas te resultan familiares en tu trabajo con los clientes —y en tus propias cuestiones clínicas—, existe una formación completa que explora en profundidad la pérdida ambigua y las pérdidas no relacionadas con la muerte, integrando la claridad conceptual con herramientas clínicas aplicadas:



