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6 prácticas para clientes en duelo que sufren una pérdida

Como terapeuta especializado en duelo, usted es testigo de primera mano de lo complejo y variado que puede ser el proceso de duelo. Cada cliente aporta una narrativa única de pérdida, moldeada por su historia personal, sus valores culturales y sus mecanismos individuales de afrontamiento. En una profesión en la que no hay dos historias de duelo iguales, es esencial profundizar continuamente en la comprensión de cómo se manifiesta la pérdida —emocional, mental e incluso físicamente— en las personas a las que apoya.
Tanto si trabaja con clientes que están superando las secuelas inmediatas de una pérdida como si ayuda a personas que se enfrentan a un duelo prolongado, existen ciertas estrategias y herramientas que pueden ayudarle a proporcionar ideas perspicaces a quienes se encuentran en todas las etapas de la pérdida, ya que el duelo es siempre cambiante, de modo que puede cultivar una práctica en la que la curación no consiste en cerrar la herida, sino en aprender a convivir con la pérdida, ayudando a los clientes a reconstruirse, redescubrirse y, en última instancia, crecer a través de su duelo.
Hay gracia en la negación.
Es la forma que tiene la naturaleza de dejar entrar solo lo que pueden soportar. La negación, a menudo malinterpretada como evasión, puede servir como una defensa poderosa y compasiva. En las primeras etapas del duelo, la negación actúa como un amortiguador, un mecanismo de protección que les protege del peso total de la pérdida hasta que están listos para afrontarla. Hay gracia en este proceso, ya que permite que la mente y el corazón absorban solo lo que pueden manejar en oleadas manejables. En lugar de apresurarse hacia la aceptación, la negación ralentiza la avalancha emocional y ofrece momentos de respiro. Es la forma que tiene el cuerpo de decir «todavía no», dando a los clientes el tiempo y el espacio necesarios para reunir fuerzas, procesar la pérdida poco a poco y desarrollar gradualmente la resiliencia necesaria para afrontar las capas más profundas de su duelo.
Quienes saben llorar bien, viven bien.
En el duelo, no es necesario que se cure porque no está roto. Es importante ayudar a los clientes a reconocer que el duelo no es su enemigo, sino una respuesta natural a la pérdida. Aquellos que viven bien el duelo y se permiten experimentar todo el espectro de emociones sin vergüenza son a menudo los que encuentran los caminos más significativos para seguir adelante. El objetivo terapéutico no es «arreglar» a los clientes porque no están rotos; el duelo no es algo que se cure, sino algo que se honra y se integra. Cuando cambia el enfoque de arreglar a apoyar, empodera a los clientes para que acepten sus emociones, encuentren sentido a la pérdida y vivan la vida más plenamente, incluso en presencia del duelo. Este enfoque invita a una perspectiva en la que la curación no consiste en borrar el dolor, sino en aprender a vivir bien con él. Este enfoque resuena profundamente en aquellos que temen que volver a experimentar la felicidad pueda parecer una traición o significar olvidar a su ser querido.
El dolor está ahí para curar el sufrimiento.
No se huye del dolor, sino del sufrimiento que provoca la pérdida. El dolor nos ha sido dado para curar el sufrimiento. Como terapeutas, es esencial ayudar a los clientes a comprender que el dolor no es el enemigo. Es la forma natural que tienen el cuerpo y la mente de curar el sufrimiento de la pérdida. A menudo, lo que los clientes temen no es el dolor en sí, sino el dolor abrumador que lo acompaña. Al aprender a aceptar el dolor, en lugar de huir de él, los clientes abren la puerta a una curación gradual. El proceso de duelo proporciona un espacio seguro para procesar las emociones, darles sentido y reconectarse con la vida de nuevas maneras. No es algo que se deba arreglar o eludir, sino más bien una bendición disfrazada que permite que el dolor de la pérdida se transforme con el tiempo.
El duelo es un momento para reinventarse, renovarse y reconstruirse.
Animar a los clientes a experimentar algo nuevo, aunque sea en pequeña medida, puede ser una poderosa herramienta terapéutica. Explorar una nueva aventura, un tipo de comida diferente, una canción que nunca han escuchado o un cambio de estilo puede despertar momentos de apertura y curiosidad. Estas acciones aparentemente insignificantes pueden ayudar a fomentar una sensación de posibilidad, recordándoles a los clientes que la vida, aunque haya cambiado para siempre, todavía ofrece espacio para el crecimiento y la alegría. Invitar a las personas en duelo a aceptar nuevas experiencias, por pequeñas que sean, les permite reconstruir sus vidas a su propio ritmo, paso a paso.
Su dolor es único porque su pérdida refleja un amor único que usted experimentó.
Es importante recordar a los clientes que su dolor es tan único como el amor que compartieron con la persona que perdieron. Nadie más puede comprender plenamente su dolor porque nadie más ha experimentado ese amor exactamente de la misma manera. Esta singularidad significa que su proceso de recuperación también será profundamente personal, y se desarrollará a su propio ritmo y de su propia manera. Animar a los clientes a reconectar con el amor que llevan dentro, solo para ustedes mismos, puede proporcionarles consuelo y sentido en medio del dolor. Al centrarse en ese amor, pueden honrar tanto su conexión como su recuperación, dejando espacio para que coexistan tanto el dolor como la gratitud.
El significado de la pérdida puede llegar con el tiempo, no se puede apresurar ni encontrar.
Ayudar a los clientes a comprender que el significado de la pérdida no es algo que se pueda apresurar es esencial en su proceso de duelo. La curación es algo que se desarrolla gradualmente, a su propio ritmo, y la búsqueda de significado es un viaje profundamente personal que no se puede forzar. Como terapeutas, nuestro trabajo consiste en animar a los clientes a ser pacientes con ustedes mismos, dejando espacio para que sus emociones evolucionen de forma natural. Al cambiar el enfoque de las respuestas inmediatas a la suave esperanza de una paz eventual, fomentamos un entorno en el que los clientes pueden confiar en el proceso. Hoy en día, incluso el paso más pequeño, como dejar espacio para la posibilidad de la paz, puede ser una parte significativa de ese proceso.
Aprenda de David Kessler, uno de los principales expertos mundiales en duelo, para mejorar su trabajo con aquellas personas que han sufrido algún tipo de pérdida.
Después de décadas de ver a personas que han sufrido pérdidas y traumas profundos, he aprendido que existe una diferencia fundamental entre las estrategias de prevención y las de postvención, y que, con demasiada frecuencia, los médicos utilizan estrategias de prevención cuando lo que se necesita es postvención.



